En estos tiempos abundan las mujeres que esperan fervorosamente la súbita aparición de una especie de príncipe de cuento con el cual casarse y vivir felices, obviamente comiendo perdices. Resultan estos entes extremadamente tercos y obstinados en su afán de aseverar que en efecto tal novelesco acto se llevará a cabo muy pronto, y habrán logrado por fin la ansiada felicidad. ¿Será esto cierto, o es que acaso estamos condenados a una vida vacía y sin sentido?
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